El Golfo de México, hogar de la tortuga verde
BY: claudiacarrillo
Una buena noticia para la conservación marina y lo que México tiene que ver con ella
A finales de 2024, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reclasificó a la tortuga verde (Chelonia mydas) de “En Peligro” a “Preocupación Menor” en su Lista Roja de Especies Amenazadas (IUCN Red List of Threatened Species). Por primera vez desde 1982, esta especie salió de la categoría de amenazadas a nivel global.
No fue casualidad: fue el resultado de décadas de protección sostenida en playas de anidación, reducción de la captura dirigida y adopción de mejores prácticas pesqueras en distintos países, entre ellos México.
El Golfo de México es uno de los territorios más importantes para la reproducción de la especie en el país. La tortuga verde anida en las costas de Tamaulipas, Veracruz, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, con más de mil kilómetros de playa bajo monitoreo activo desde los años ochenta. Según el Programa de Acción para la Conservación de la Especie (PACE) Tortuga Verde/Negra, las poblaciones del Golfo y del Mar Caribe muestran una tendencia positiva sostenida, con un incremento notable en el número de nidos a partir del año 2000. Ese avance fue el producto del trabajo conjunto de comunidades costeras, instituciones académicas, organizaciones civiles y los tres niveles de gobierno.
En 2024, el equipo de Oceana México y científicos de Yucatán realizaron una expedición a los cayos de Campeche. El registro fue contundente: grupos de más de veinte tortugas verdes en plena actividad reproductiva en las aguas de los cayos, y nidos activos en las islas. El PACE (Semarnat/Conanp, 2018) ya identificaba a las colonias de Cayo Arcas y Arrecife Alacranes como unidades de manejo independientes,con áreas de alimentación de relevancia ecológica para el desarrollo de las poblaciones regionales en su ciclo de vida completo.
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La tortuga verde no usa el Golfo como corredor: lo habita. Las hembras adultas regresan cada temporada al sitio exacto donde nacieron para anidar —un comportamiento conocido como filopatría natal— lo que hace a cada colonia prácticamente irreemplazable. Entre los 18 y27 años que tarda la especie en alcanzar la madurez sexual, juveniles y adultos se alimentan en fondos de pastos marinos y arrecifes del Golfo. Proteger ese ecosistema en su totalidad, no solo las playas, es la condición para que la especie tenga futuro.
La reclasificación de la UICN es una victoria para la humanidad y el planeta que exige responsabilidad. La propia evaluación advierte que la mejora depende de la continuidad de los esfuerzos de conservación. En México, las amenazas que históricamente pusieron en peligro a la especie no han desaparecido:
- Captura furtiva y saqueo de nidos en distintas costas del Golfo.
- Captura incidental en artes de pesca ribereña, una fuente de mortalidad poco evaluada.
- Desarrollo costero desregulado que destruye playas de anidación.
- Cambio climático: el aumento de temperaturas altera la proporción de sexos en las poblaciones. Los huracanes de mayor intensidad pueden destruir en horas lo que tardó años en recuperarse.
- Hidrocarburos: la explotación de yacimientos en aguas someras del Golfo ya causó daños a miles de kilómetros de ecosistemas marinos, con consecuencias que se perciben décadas después. Ante la expansión hacia aguas profundas y ultraprofundas, la pregunta no es si habrá un incidente, sino cuándo: cada 30 metros adicionales de profundidad eleva un 8.5% la probabilidad de uno (Muehlenbachs et al., 2013). Los desastres del Ixtoc-I (1979-1980) y el Deepwater Horizon (2010) —dos de los más grandes de la historia— dejaron claro que sus impactos son incalculables. No es una amenaza abstracta para la tortuga verde: el PACE (Semarnat/Conanp, 2018) documenta que en los cayos de Campeche, juveniles y adultos de la especie fueron afectados por petróleo crudo en 2004 y 2005.
Un derrame en el Golfo no destruye un solo hábitat: los destruye todos. Contamina las playas de anidación, envenena los pastos marinos donde se alimentan los juveniles y bloquea las rutas migratorias de los adultos. Todo lo que décadas de conservación construyeron puede deshacerse en días. Por eso la protección del Golfo frente a la expansión extractiva desregulada en aguas profundas no es una posición ideológica: es una condición para que la recuperación de la tortuga verde, y de muchas otras especies, sea duradera.

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Lo que el equipo de Oceana documentó en los cayos de Campeche en 2024 es prueba de que la recuperación es posible: cuando el mar tiene espacio y las comunidades tienen respaldo, la naturaleza responde. México cuenta con los instrumentos legales, con comunidades costeras comprometidas y con evidencia científica suficiente para actuar. La tortuga verde ya hizo su parte. Ahora toca que la política pública esté a la altura.