La Cuaresma en los ojos de las y los pescadores artesanales
BY: claudiacarrillo
Mientras en las ciudades los supermercados llenan sus vitrinas de pescado y camarón, en El Bosque, Tabasco, Guadalupe Cobos ya lleva semanas preparándose. Para ella y los pescadores artesanales, la Cuaresma no empieza en el calendario: empieza en el mar.
LA SEÑAL DEL MAR
Es la llegada de la primavera contada desde la orilla: el mar se asienta, las aguas se calman, y con eso llega lo que las y los pescadores llaman —sin romanticismos— el aguinaldo del año.
“El mar se prepara, se ve más azul, más bonito, también hace más calor. Ya los Nortes son menos, ya no se revuelve tanto el agua y ya es donde uno dice: ‘Ay, ya huele a cuaresma, ya llegó.'” — Guadalupe Cobos, pescadora artesanal de El Bosque, Tabasco.
La Cuaresma intensifica todo. Las horas, las redes, la atención. Guadalupe y su esposo pescan jaiva, camarón, pescado. Ella lo vende fresco, lo fríe, lo convierte en ceviche, en empanadas —que en El Bosque llaman así a lo que en otras partes del país conocen como quesadillas selladas y fritas, rellenas de mariscos.
“Si vas al bosque en tiempo de cuaresma y no te comes una empanada, nunca estuviste ahí.”
El precio del pescado sube. Eso es una buena noticia y, al mismo tiempo, una incertidumbre: hay cuaresmas buenas y cuaresmas que no lo son tanto. En los años difíciles, los días se van sin pesca y la temporada termina sin margen para guardar.
“Como dijera mi mamá, hay que guardar de la cuaresma para los tiempos malos. Esa es la vida del pescador.”
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LO QUE LA CIUDAD NO VE
Detrás del filete en el plato hay una noche en el mar, una red que se enreda, un motor que falla, una lancha que regresa tarde. Guadalupe lo cuenta sin dramatismo, como quien relata lo que simplemente es verdad.
“A veces hay noches muy difíciles: te enfrentas a la marejada, a los barcos que pasan por donde van los pescadores. Hay muchas historias en el mar, historias que tienen un final feliz y historias tristes.”
Hace dos o tres años, en plena Cuaresma, un barco naviero arrolló una lancha de pescadores en la oscuridad. Nadie sobrevivió. Su hermano y su cuñado también se perdieron una vez —pero esa historia terminó bien: el motor se descompuso, pero llegaron a la orilla de Veracruz, con vida.
Vivir del mar enseña a respetarlo de maneras que no siempre se ven desde afuera, en este sentido los pescadores también cuidan de su entorno, sin embargo, hay fuerzas que ninguna comunidad puede contener sola.
Los cambios, resultado de la crisis climática, son lentos pero acumulativos. El calentamiento del agua en las orillas expulsa al pescado hacia aguas más profundas. Antes no hacía falta ir tan lejos.
“Las aguas de las orillas se vuelven más calientes y tienes que irte a lo más profundo a conseguir el producto. El pescado también tiene sus migraciones: si el lugar donde está no es adecuado para él, él busca y se va.”
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UNA GRAN FIESTA EN LA ORILLA
Y aun así, la Cuaresma se celebra. Las lunadas —noches enteras al ritmo de la música, con bañistas llegando desde otros estados, con el olor a pescado frito en el aire— siguen siendo parte del tejido de la comunidad.
“La cuaresma para todo el pescador tiene un significado especial. Más allá del trabajo es una época que esperas, que pescas y que celebras. Es una gran fiesta en la orilla del río: ver las lanchas que llegan con pesca, y ver que el pescador que se fue ayer a las 4 de la tarde regresa.”
La próxima vez que el pescado llegue a tu mesa en Cuaresma, ten en cuenta que se trata más que un solo platillo. En él, se congregan pescadores y pescadoras como Guadalupe, que gracias a sus redes, conectan con una historia de tradición y esfuerzo.
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