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La foto es espeluznante y se puede ver aquí (foto 35). Se observan tres taladros gigantescos del tamaño de una pequeña casa con la misión de perforar y destruir la roca más sólida. Apenas se alcanzan a ver dos personas, del lado izquierdo de la imagen, parados junto a una de ellas; son diminutos comparados con estas máquinas de Mordor.

Estos artefactos -mostrados con orgullo en el portal web de la compañía canadiense Nautilus Minerals– están diseñados para bajar al lecho marino y pulverizar lo que se les ponga enfrente. Igual roca que coral, que monte marino, que cualquier forma de vida marina. Todo para extraer materiales que empiezan a escasear en tierra, como fosfatos, níquel, cobalto y manganeso.

La minería submarina viene en camino, y tiene la mira puesta en los mares mexicanos.

Evidencia #1: En Baja California Sur ya comenzó la batalla, cuando la sociedad civil de este estado levantó la voz contra el proyecto Don Diego, que pretendía (¿pretende?) extraer fosfatos del fondo del Golfo de Ulloa, zona de una riqueza biológica extraordinaria. En respuesta, el pasado Octubre, la SEMARNAT negó por segunda vez los permisos necesarios para que este proyecto comience. Sin duda volverán. Las mineras siempre vuelven.

Evidencia #2: La sombra de la minería submarina también llega a Chiapas, donde el portal del Sistema de Administración Minera muestra enormes polígonos en los mares Chiapanecos, cerca de la frontera con Guatemala concesionados a un particular de nombre Jorge Jiménez Arana, a quien diversos reportes periodísticos identifican como representante legal de la compañía Blackfire Exploration México. Esta compañía no ha hecho públicos sus planes de exploración, pero la concesión ahí está y sus dueños no están cruzados de brazos.

Las concesiones existentes en Chiapas y Baja California Sur son sólo la punta del iceberg. El desarrollo de tecnología para la minería submarina avanza a pasos agigantados y existen planes ya para comenzar operaciones en las aguas de Papúa Nueva Guinea, Egipto, Japón y Nueva Zelanda.

Los impactos ambientales potenciales se conocen poco, pero pueden ser devastadores e irreversibles. En el fondo marino, sobre todo en las zonas más profundas, están algunos de los ecosistemas menos estudiados del planeta. Sabemos más sobre la superficie de la luna que sobre el lecho marino, sin embargo, entre más lo exploramos, más nos asombra su diversidad y riqueza biológica.

Estos son tres ejemplos de lo poco que sabemos sobre el fondo del mar y lo que está en riesgo si no lo cuidamos:

Sólo el año pasado, a unos kilómetros de la costa de Carolina del Sur, científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica del gobierno de EU (NOAA) descubrieron un increíble arrecife de corales profundos de más de, a 800 metros de profundidad y que mide más de 136 kilómetros de largo. Los corales de profundidad son tan importantes y albergan tanta biodiversidad como sus parientes más coloridos de aguas someras.

Otro ecosistema que está en riesgo por la minería submarina es el de las ventilas hidrotermales. Se trata de enormes fisuras en el fondo marino que expulsan agua a altísimas temperaturas. Alrededor del mundo en estos sitios se han encontrado, entre otras cosas, comunidades enteras de vida que no dependen de la luz del sol y que han modificado todo lo que pensábamos que sabíamos sobre cómo y dónde comenzó la vida en el planeta.

Aunque sabemos de su existencia hace mucho, apenas en marzo de 2018 el mundo pudo ver por primera vez este video, que muestra la unión de una pareja de peces pescadores de profundidad (Caulophryne jordani). La hembra de esta especie es grande y majestuosa, y es la única que puede cazar. El macho, desde que nace, busca una hembra, y cuando la encuentra, muerde su costado y ahí se queda pegado por el resto de su vida, alimentándose de los nutrientes que encuentra su pareja.

Cada vez que un equipo de científicos o exploradores echan un vistazo al fondo del mar, descubren algo que no sabíamos. Cada uno de estos descubrimientos abre una ventana de conocimiento sobre nuestros orígenes, sobre los procesos geológicos que le dan forma a nuestro planeta o sobre la dinámica poblacional de las especies que comemos. Sin embargo, aun así, sabiendo lo poco que sabemos, parecemos listos para meter estos taladros apocalípticos a perforar el fondo marino.

No es clara todavía la posición de esta administración frente a la minería submarina en aguas Mexicanas. Algunos miembros prominentes de MORENA, como el sudcaliforniano Víctor Castro, y la sonorense Lilly Téllez han sido enfáticos en su rechazo, pero no es claro si esta es una postura generalizada del partido o del gobierno federal. Ojalá el presidente López Obrador y su equipo asuman la postura responsable de no permitir esta actividad en nuestros mares. En Oceana México estaremos pendientes de que así sea.

* Pedro Zapata es vicepresidente de Oceana México, la organización internacional más influyente centrada en la conservación de los océanos, la protección, restauración de los mares del mundo y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

A continuación:

Reciclar no es suficiente

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