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diciembre 20, 2022

Un nuevo acuerdo mundial impulsa la protección de los mares

 

Los países miembros de la Convención de Naciones Unidas para la Diversidad Biológica (CBD, por sus siglas en inglés) acordaron el lunes un nuevo pacto global para proteger la biodiversidad marina y terrestre conocido como Marco global de biodiversidad Kunming-Montreal. 

El objetivo de estos trabajos es detener la alarmante pérdida de biodiversidad, que actualmente implica una amenaza para una cuarta parte de las especies analizadas del planeta y que tiene a casi un millón de especies en el borde de la extinción. 

A diferencia de otros esfuerzos de conservación del pasado, el nuevo marco de biodiversidad incluye a los seres humanos como parte de la naturaleza, llamando a multiplicar los beneficios para las poblaciones humanas a través del manejo eficiente y sustentable, un elemento que es clave para las zonas costeras y ribereñas. 

O, como lo plantea la visión de las negociaciones que terminaron esta semana en Montreal, se trata de llegar a “vivir en armonía con la naturaleza para 2050”. 

El acuerdo fue el producto de dos semanas de negociaciones en la Conferencia de las Partes número 15 de la CBD, y de cuatro años de trabajo de esta convención de la ONU con la intención no sólo a detener, sino de revertir la devastación de la biodiversidad y regenerar los ecosistemas degradados. 

A través de 4 objetivos y 23 metas específicas, el acuerdo global plantea acciones contra cinco causas de la pérdida de biodiversidad, que son: 

  1. Cambios de uso de suelo 
  2. Explotación directa de organismos  
  3. Cambio climático 
  4. Contaminación 
  5. Especies invasoras 

Los objetivos y metas planteados en el nuevo marco son numerosos y abarcan desde actividades industriales como la agricultura o la minería hasta derechos humanos como la salud y la igualdad de género. 

Una de estas metas es la comúnmente conocida como 30×30, que plantea conservar efectivamente un mínimo de 30 % de la superficie terrestre y acuática del planeta a más tardar en el año 2030. 

Para los océanos y la vida marina son particularmente relevantes las metas 3 y 8 de este pacto.

La meta 3 es la que contiene la estrategia 30×30, pero incluye en su redacción una referencia específica a la conservación no sólo de los mares, sino también “aguas continentales y zonas costeras”. Es decir, ríos, lagos, lagunas, manglares, estuarios, manglares, marismas, etc. 

En esta superficie se deben incluir especialmente “áreas de importancia particular para la biodiversidad y los servicios y funciones ecosistémicos” a través de medios de gobernanza que reconozcan los territorios tradicionales indígenas y respeten sus derechos humanos. 

La meta 8, que se aboca a minimizar el impacto del cambio climático, llama a reducir también la acidificación de los océanos causada por la acumulación de carbono en ellos. 

Las otras metas no son tan explícitas sobre los océanos, pero de igual forma incluyen aspectos clave para la salud marina. Por ejemplo, la meta 7 consiste en reducir la contaminación, incluyendo el “exceso de nutrientes que se pierden en el ambiente”. Esto aplica directamente al uso ineficiente de fertilizantes, que se acumulan luego en los cuerpos de agua y desembocan en el mar, provocando la proliferación de algas en zonas costeras que arrasan con la vida marina local.  

Los océanos también se beneficiarían de las metas 9 y 10. 

La meta 9 llama a un manejo y uso sustentable de especies silvestres, una categoría en la que se pueden incluir las poblaciones de peces en vida salvaje. En tanto, la meta 10 llama a un uso sustentable de la biodiversidad en actividades productivas como la agricultura. Pero, más importantemente para los océanos, abarca la “acuacultura y las pesquerías”. 

Otros elementos en el marco de biodiversidad plantean el reconocimiento de derechos de comunidades indígenas y locales, con lo que se facilitaría la gobernanza de superficies territoriales y marinas a través de sistemas tradicionales. Esto, ya que la ciencia ha demostrado que el 80% de la biodiversidad del planeta se encuentra en territorios indígenas, cuyos sistemas de manejo de recursos son más eficientes para la conservación que los sistemas modernos. 

El nuevo marco global de biodiversidad y sus 23 metas sustituyen los 20 objetivos de Aichi para la conservación, acordados en 2010 para ser implementados hasta 2020. Este marco regirá los trabajos de conservación durante esta década y hasta 2030.