Desde la ciencia contra el patriarcado
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Ni la ciencia se salva del patriarcado. De acuerdo con un informe de la Unesco, sólo el 29% de las personas que se dedican a la investigación científica son mujeres. En el caso de México el panorama es más serio: si bien el 37% de los miembros del Sistema Nacional de Investigadores son mujeres, sólo el 21.7% alcanzan la categoría III, la más alta del SMI.

Desde sus experiencias y carreras, las doctoras Ileana Espejel y María Teresa Viana – de la Universidad Autónoma de Baja California– y Ana María Castillo –de la Universidad Nacional Autónoma de México– conversaron con la doctora Leonora Milán sobre los retos que enfrentan en el día a día las investigadoras y cómo, desde la academia y las instituciones educativas, se puede combatir la brecha de género.

“En este ámbito, la discriminación y los micromachismos están muy presentes pero son difíciles de detectar. Antes lo normalizábamos y no lo veíamos como una agresión. Ahora, esta nueva generación de alumnos tienen esas conversaciones, se dan cuenta de las desigualdades; incluyen temas de género en las asambleas estudiantiles e incluso las autoridades académicas las asumen como parte de su estructura”, señaló la doctora en Ciencias por la UNAM y divulgadora científica, Ana María Castillo.

“Hay que tumbar esos micromachismos para tener a más niñas haciendo ciencia y a más investigadoras con plazas, más oportunidades porque sobre estas diferencias han crecido las desigualdades”, dijo.

La discusión existe. Sin embargo, hacen falta mecanismos y medidas que permitan cerrar la brecha de género en la investigación científica desde las instituciones. Uno de ellos, detallaron las participantes en el webimar de Oceana, es reconocer el rol de cuidador y madre de las mujeres.

“Yo soy muy pragmática y todo lo reduzco a guarderías. El gran problema que tenemos (como investigadoras científicas) es el cuidado de los niños”, dijo la también profesora Ileana Espejel sobre cómo podrían atacar las instituciones la desigualdad de género. Los horarios, dice, está diseñados para unos pocos. “¿Quién decidió eso? Hombres que no tenían niños.”

Hay que tumbar esos micromachismos para tener a más niñas haciendo ciencia y a más investigadoras

“Antes las guarderías estaban en las instituciones. Antes corrías a amamantar a tu bebé y regresabas, ahora ya no”, señala la investigadora y madre. “Debemos recuperar esa parte de inoperatividad y exigir que las estudiantes tengan derecho a guarderías con los horarios de las escuelas.”

Por su parte, María Teresa Viana coincidió con ella y añadió que es necesario crear campañas para reforzar ese viejo prejuicio de que las mujeres deben renunciar a la maternidad para tener carrera profesional exitosa. Sin embargo también consideró que esto va más allá de las instituciones educativas y que también es necesario dar seguimiento a las egresadas de las carreras de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) en los centros de trabajo. 

Si bien no existe una discriminación laboral en cuanto al salario y condiciones, la investigadora detalló que es en las contrataciones donde debería favorecerse el ingreso de mujeres, establecer horarios más flexibles y darles prioridad para elegirlos, en especial a las que tienen hijos y cumplen el rol de cuidadores.

Además, señaló Ana María Castillo, es importante crear espacios para escuchar las necesidades de las mujeres que se dedican a la investigación científica o que están en formación. “Los centros educativos deben tener en su agenda una capacitación para entender la perspectiva de género. Se deben incluir en el plan de estudio este tipo de programas, abrir foros para entender las demandas reales de las mujeres –profesionistas y estudiantes–, hacer campañas para promover imágenes positivas de las mujeres científicas y establecer redes de apoyo”.

Despertar el interés por la ciencia en las nuevas generaciones es vital, especialmente entre las niñas para impulsar el estudio de las carreras STEM. De acuerdo Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en un informe de 2015, las mujeres de 20 a 25 años representan sólo el 6.2 por ciento de las personas que estudian ciencias en nuestro país. 

Por un lado, las participantes propusieron abrir espacios en universidades e institutos para que los niños visiten laboratorios y centros de investigación y recuperar los programas para que los las investigadoras e investigadores salgan de los laboratorios para ir a las aulas y fungir como divulgadores de la ciencia. 

Se deben incluir en el plan de estudio este tipo de programas, abrir foros para entender las demandas reales de las mujeres –profesionistas y estudiantes–, hacer campañas para promover imágenes positivas de las mujeres científicas y establecer redes de apoyo

La falta de oportunidades para acercar a las niñas a la ciencia impulsó a la doctora Ana María Castillo a crear el programa Niñas científicas en la Escuela Nacional de Estudios Superiores de la UNAM, en Mérida.

El programa consiste en capacitar y gestionar mentorías a niñas de 17 primarias de Yucatán, en zonas rurales o vulnerables, para crear un proyecto científico y recibir asesoría de investigadoras. “Al mismo tiempo capacitamos a los profesores para que detecten la vocación científica y las vinculamos con investigadoras para empoderarlas”. Todo con perspectiva de género”, detalló la divulgadora.

El objetivo de esto, señalan las tres participantes, no sólo es que haya más mujeres en la ciencia y en la investigación en México. Se trata, dice Ileana Espejel, de entender que el método científico te ayuda a resolver problemas cotidianos. “Eso es lo más maravilloso de la ciencia: te ayuda a pensar, a cuestionarte todo y a encontrar respuestas”.

 

 

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