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Carlos Aguilera Oceana

Si eres como el promedio de las y los mexicanos, con dificultad podrás mencionar más de 20 especies de pescado que se comen. La mayoría nos quedamos con el atún, salmón, tilapia, huachinango, mero, sardina, sierra, marlín, robalo y quizá un puñado de otros peces exóticos.

De manera muy afortunada, nuestra riqueza marina es muy superior a lo que conocemos de ella. Más de 94 mil especies de moluscos, crustáceos, mamíferos, reptiles, tiburones y peces viven en los más de tres millones de kilómetros cuadrados de mar mexicano.

No todos los animales marinos son comestibles ni se comercian en México. La Carta Nacional Pesquera -que es el instrumento legal donde la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), a través del Instituto Nacional de Pesca (INAPESCA), da cuenta de la situación de las pesquerías en México, así como de las zonas de captura y artes de pesca permitidos- reconoce más de 700 especies marinas comerciales. Esto es menos del 1% de las especies marinas.

Sin embargo, el desconocimiento de nuestra inmensa variedad de peces nos hace pedir una y otra vez los únicos 10 o 20 pescados que conocemos. Es más, tanto es nuestro desconocimiento, que si nos dicen en el supermercado que estamos comprando filete selecto, filete supremo, blanco del Nilo, filete blanco, nos vamos confiados de que llevamos un buen pescado, sin caer en cuenta que no existen peces con nombres tal como filete selecto.

En los restaurantes sucede algo parecido; la variedad de los pescados que nos ofrecen en el menú difícilmente pasa de los 10 pescados, aún los especializados en pescados y mariscos. Habrá los que tengan un apartado para la pesca del día, sin embargo, son los menos. Todo parece indicar que esa riqueza de más de 100 peces se reduce a un solo nombre: pescado. Lo que es tan ridículo como si todos los animales terrestres que comemos se redujeran a carne y no pudiéramos distinguir si comemos pollo, cerdo o res.

Toda nuestra riqueza del mar se queda reducida a unos cuantos peces sin saber que en muchas ocasiones comemos otras especies que son silenciadas por desconocimiento de los comensales o incluso de los propios restauranteros. Porque, ¿quién llega a un restaurante pidiendo conejo, pierna, albacora, bonito, gurrubata o rubia? Casi siempre lo que sucede es que pedimos pescado y nos da un poco igual lo que nos vendan, siempre y cuando sea pescado.

Lo que se esconde detrás de este desdén por conocer qué comemos es una de las principales razones que justifica el abandono de nuestros mares y sus pescadores por parte de autoridades omisas e irresponsables. Las especies silenciadas no sólo son peces que no aparecen en el menú, significan comunidades de pescadores silenciadas también. Pescadores que no podrán colocar su producto a buen precio porque nadie lo conoce, nadie lo pide y compiten contra pescado barato importado disfrazado de filete selecto.

Y el mar también padece nuestra ignorancia, no conocer a todos esos otros peces que consumimos los pone en una situación de mayor vulnerabilidad, ya que si llegaran a desaparecer a nadie le importaría. Imaginemos un mundo sin atún, casi todos nos daríamos cuenta de que en los restaurantes y en los anaqueles del súper no encontramos nuestro preciado producto. Pero ¿qué pasa si el pámpano desaparece? Sólo unas cuantas personas se darán cuenta y a todos nos pasará de noche el impacto ambiental de esa pérdida.

Con el afán de ofrecer información a un público interesado en la sustentabilidad de los mares, la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (Conabio), creó un sitio web en donde podemos conocer a algunos de esos peces que solemos comer pero que no conocemos. Es un buen principio para saber qué nos ofrece el mar y en qué situación se encuentra.

Porque, para proteger algo primero hay que conocerlo. Y en este país en donde le damos la espalda al mar es importante conocer toda su riqueza para poder indagar en la situación real de nuestras pesquerías y tomar mejores decisiones, informadas.

Por lo pronto, la invitación es a comer pescado y preguntar a las personas que nos lo ofrecen, qué pescado es y de dónde viene. Difícilmente nos podrán contestar estas preguntas y en ocasiones nos darán algo totalmente diferente a lo que nos dicen que es, pero eso… es otra historia.

* Renata Terrazas lleva más de 10 años trabajando en organizaciones de la sociedad civil, se especializa en temas de transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana. Actualmente es directora de campañas de transparencia en @OceanaMexico, organización internacional centrada en la conservación de los océanos; la protección y restauración de los mares del mundo, y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

A continuación:

¿Hay soluciones para la crisis de sobrepesca del Mediterráneo?

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