Olimpiadas en el mar
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Existen miles de especies que habitan los océanos del mundo, pero solo algunas son dignas de llegar al Olimpo.

 

En la antigua Grecia se creía que los humanos más rápidos, fuertes y capaces de brincar más alto tenían un lugar reservado el monte Olimpo, la morada de los dioses, gracias a sus habilidades físicas.

Si el mundo fuera justo, y menos antropocentrista, la especie humana no tendría lugar entre los dioses, cuyas habilidades palidecen ante el resto del reino animal, y en especial de los animales marinos que gracias a su morfología, encabezan fácilmente el medallero por encima de los terrestres.

 

Más rápido

Con un cuerpo más robusto que otras especies de marlin, y con un peculiar color negro que lo distingue, el marlin negro es el pez más veloz que existe. Gracias a su cuerpo, estrecho y alargado, y su nariz terminada en punta, el Istiompax indica es capaz de nadar a una velocidad de 129 km/hora para alcanzar a sus presas –peces pequeños y cefalópodos– o escapar de los predadores en las aguas tropicales de los océanos Índico y Pacífico.

Con semejante registro, el marlin negro se lleva la medalla de oro en las pruebas de velocidad, seguido muy de cerca del popular pez vela que se ubica en segundo puesto del podio con una velocidad promedio de 110 km/hora, y del marlin rayado que se lleva la presea de bronce con una tímida marca de 80 km/hora en comparación.

 

 

Más fuerte

Que sus cortas extremidades no te engañen. La fuerza del cocodrilo de agua salada, habitante de los mares y ríos del sudeste asiático, radica en su mandíbula cuyos músculos dotan a este reptil de la mordida más potente del reino marino con 260.13 kg/cm², suficiente para atrapar un búfalo de agua entres sus fauces. 

Gracias a su incomparable marca, el Crocodylus porosus se impone rotundamente y gana la presea dorada. La medalla de plata va para el tiburón toro con una mordida de 87.88 kg/cm² y la medalla de bronce es para el temido, y no tan fuerte, tiburón blanco con una potencia de mordida de 47.03 kg/cm², pero lo suficiente para mantenernos lejos de ellos.

 

 

Más resistente

Al ver los lentos y torpes movimientos de la tortuga laúd en tierra, uno no se imagina la destreza y resistencia de estas criaturas capaces de navegar durante semanas para cubrir distancias de hasta 20 mil 500 kilómetros desde las costas de Indonesia al Pacífico de Estados Unidos.

Debido a su resistencia física en las pruebas de fondo, la Dermochelys coriacea se impone como la ganadora indiscutible de la presea dorada. En el segundo puesto del podio le sigue el tiburón blanco, con una marca de 11 mil 100 kilómetros de distancia –de Sudáfrica a Australia– seguido de cerca por el único mamífero en esta lista, la ballena jorobada que recorre 8 mil 299 kilómetros. desde Costa Rica a la Antártida.

 

Los mares son el hogar de miles de especies –grandes y pequeñas, rápidas y lentas, con afilados diente o sin ellos–, y la labor de Oceana es protegerlas y preservarlas. Para lograrlo enfocamos nuestras campañas que permitan crear políticas para mantener este amenazado ecosistemas; únete a Oceana y ayuda que las cosas sucedan.

                                                                                                                                  

       

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