Lo que no sabías que tiene plástico
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El plástico siempre está presente. En menos de 100 años desde la creación del primer polímero sintético –la baquelita, en 1907–, el plástico se adueñó de nuestras vidas.

Lo encuentras en prácticamente cualquier rincón de tu hogar y, ahora también, en el mar. Por eso es momento de hacerle frente a la industria del plástico y, para que sepas cómo llegan hasta tu hogar, te contamos cómo se esconde en algunas cosas que quizá no sabías que tenían plástico:


Tus refrescos y conservas

Que los envases de alimentos o bebidas sean de lata no significa que estén libres de plástico; estos contenedores pueden tener rastros de BPA, un químico usado en la producción de plástico que han dejado de usar numerosas empresas por el riesgo que puede tener en la salud de las personas.

Tus tickets de compra y recibos

Cada vez que pagas en una tienda o el cajero automático te da un comprobante, recibes un papelito cubierto con bisfenol A (BPA), un químico utilizado para endurecer plásticos y cuyo controversial uso puede ser tóxico para los humanos.

Tu aliento fresco

Si lo piensas, la textura de los chicles los delata: tienen plástico. Existen algunos que son naturales, pero la mayoría de las marcas utilizan una base de goma de mascar hecha con polietileno, plástico usado para la fabricación de cables, cañerías y cámaras de neumáticos. Y sí, cada vez que lo masticas se desprenden microplásticos, lo que no pasaría con un clásico, y discreto, caramelo.

Tus tampones y toallas sanitarias

Si bien muchas de las toallas sanitarias y tampones utilizan materiales naturales, no son los únicos que usan en su producción. La mayoría de las marcas los combinan con rayón, poliéster, polietileno y otros, que se rompen o desgastan provocando la liberación de microplásticos, que eventualmente contaminan el agua. Si quieres saber más sobre estos productos y su impacto, pueddes leer aquí

La corteza de tu queso

Los quesos curados o semicurados –como el edam, parmesano o manchego– se caracterizan por tener una corteza dura, resultado de su añejamiento. Pero no todas son naturales . Algunas, particularmente las de quesos industriales, tienen pintura antihongos que si bien son de uso alimentario, no son recomendables. Las puedes identificar porque tienen un olor débil a queso y son de colores artificiales como rojo o negro brilloso.

Tu taza de té

La mala: las bolsitas de tus tés e infusiones están hechas de diversos materiales, entre ellos nylon y polipropileno, que durante su uso liberan microplásticos que sino que alteran el sabor de tu bebida y se van a tu estómago, y después llegan al océano.

La buena: Las hojas de té sueltas tienen un mejor sabor y frescura, además de que existen infusores con un gran diseño que harán que beber té sea un ritual.

Tu carita toda bonita

En nombre de la vanidad se han cometido horrores y uno de ellos son las micropartículas, microplásticos que se utilizan para la producción de cremas exfoliantes, espumas para afeitar, geles, limpiadores faciales, cosméticos y jabones que cuando se limpian o enjuagan encuentran su camino a los océanos.

Tu ropa

Si no está hecha de fibras naturales, tu ropa tiene plástico. Telas como la microfibra, nylón y poliéster o acrílico, entre otras, están hechas de este material, lo cual no es malo. El problema llega cuando lavas las prendas, la tela se desgasta y se liberan microplásticos y fibras que llegan al mar.

Tu sonrisa

Tener una sonrisa perfecta nunca va a pasar de moda, y por higiene no debería. Lo que sí deberíamos abandonar son las pastas de dientes que usan microperlas para pulir tus dientes, pues están hechas de plástico que invariablemente terminan en el mar.

Tu cama

Solo hay algo más triste que ir a la cama solo: ir a la cama acompañado de polímeros. Igual que con la ropa, la ropa de cama hecha de fibras artificiales como microfibra, poliéster, rayón sueltan microplásticos cuando se lavan o por la fricción de tu cuerpo al dormir. Para dormir con tranquilidad, y más frescura, es mejor utilizar sábanas y fundas de materiales naturales como algodón, fibra de bambú o lana.

 

Ayúdanos a frenar la contaminación que  acaba con la vida marina.

 

 

 

 

 

 

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