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enero 19, 2022

El mar reduce el estrés y nos da calma

 

Los beneficios del mar a la salud del cuerpo, la mente y el alma se conocen desde tiempos inmemorables. Por ello se pierden entre la historia, la mitología, las creencias populares y a veces no necesariamente se sostienen como verdades científicas.

En el bienestar que nos causa el mar parece haber algo más profundo que las simples reacciones físico-químicas que explica la ciencia moderna. Es como un alivio que recorre todo nuestro ser por volver al lugar donde empezó la vida.

A propósito, el poeta Rainer Maria Rilke escribió alguna vez: “cuando estoy ansioso, inquieto y me vienen malos pensamientos, voy al mar y el mar los ahoga con sus grandes y amplios sonidos. Me limpia con su ruido e impone un ritmo sobre todo lo que está desconcertado y confundido en mí”.

El agua de mar es una solución compuesta 96.5% por agua y 3.5% por sales minerales. Esta mezcla líquida de vida contiene alrededor de 83 elementos biodisponibles de los 118 que hay en la tabla periódica. Entre ellos, químicos fundamentales como sodio, magnesio, calcio, potasio, hierro, yodo y fósforo.

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Reducir el estrés

El mar es una cura para el estrés. El solo hecho se sentarse en la arena, escuchar y observar el vaivén de las olas calma la mente, pero si decides nadar también encontrarás tranquilidad.

  • El magnesio, por ejemplo, ayuda a reducir el estrés y la ansiedad.
  • El ritmo de las respiraciones y de olas al nadar estimulan el sistema nervioso parasimpático, detonando la actividad de hormonas del bienestar.
  • La ingravidez del cuerpo puede modificar o ralentizar la actividad cerebral, lo que se traduce en calma a la mente.
  • Contiene antioxidantes que hacen más lento el envejecimiento celular.

El mar como medicina

Además de lo emocional, existen registros del mar prescrito como terapia contra padecimientos físicos de todo tipo.

Por ejemplo, en el siglo 18 en Gran Bretaña, el popular médico Richard Russell argumentaba a los profesionales de la salud que el agua del mar podría ser usada para tratar “enfermedades de las glándulas”, incluyendo escorbuto, ictericia, lepra y fiebre glandular. Los médicos de la época tenían descripciones detalladas de qué tan seguido, por cuánto tiempo y en qué condiciones debían los pacientes bañarse en el agua del mar para tratar malestares específicos.

Este tipo de historias son comunes al menos desde la Grecia antigua cuando Hipócrates, considerado el padre de la medicina, recomendaba tratamientos con agua marina para enfermedades como prurito, heridas, hinchazones y para facilitar cicatrizaciones. Casi 2,500 años después, seguimos encontrando soluciones de “agua marina” en las farmacias para aliviar la sinusitis y otros malestares de las vías respiratorias.

Además de los minerales, el mar es rico en microplantas y microorganismos que son parte de la alimentación de pescados y mariscos, y que se traducen para nosotros en nutrientes tan valiosos como los aceites Omega 3.

Así que ya sabes, aquella frase de: “la salud del mar es nuestra salud” es muy cierta y por ello debemos proteger nuestros océanos para seguir disfrutando de todo lo que nos dan.